Es decir, yo opino que una autocracia en la que todo el mundo sea feliz (cosa imposible, por supuesto), sería la mejor forma de gobierno, pero también una democracia 100% felicidad sería, para mí, la mejor forma de gobierno.
Dicho esto, me sumerjo en el post en cuestión: El gobierno del miedo. (Queda guay y contundente, eh).

Érase una vez, un pequeño pueblo de 10 habitantes.
1 habitante (lo llamaremos déspota) era el líder absoluto y autócrata de la comunidad.
1 habitante era el cacique, lugarteniente del déspota y servidor de su voluntad.
Y 8 habitantes eran los ciudadanos, cada uno con una función más o menos vital dentro del pueblecito.
El pueblecito había sido fundado por el déspota y el cacique, de modo que los pueblerinos no había
n conocido otra forma de gobierno que el absolutismo de su líder, que con su látigo castigaba a quienes no cumplían con sus órdenes a la perfección.Aunque algo les olía mal a los pueblerinos y nunca les gustó esa forma de gobierno, ellos necesitaban un lugar donde vivir, y todas las casas pertenecían al déspota. Así que la tiranía de los hombres malos se fue perpetuando, hasta que se aceptó por los ciudadanos y se consideró algo normal y sin remedio.
Pero algo se cocía dentro de los ciudadanos, pues uno de ellos habría de confab
ularse con el déspota y el cacique; uno de ellos traicionaría a todos sus vecinos para conseguir más riquezas y más poder de la única forma que se le había ocurrido: mintiendo, urdiendo y conspirando.Al principio el traidor sonsacaba mucha información a los ciudadanos para informar así a sus líderes pero, poco a poco entre los ciudadanos, el secreto se fue desvelando, los rumores fueron corriendo y la traición de su vecino se convirtió en algo normal, asumido y aceptado.
Algún tiempo después, los 7 ciudadanos desvinculados del gobierno, empezaron a organizar reuniones clandestinas para criticar a su gobierno. Empezaron a enumerar todos los fallos, empezaron a pensar en cómo se podría hacer mejor, incluso empezaron a pensar en quién podría ser el nuevo líder del pueblo. Pero en cuanto el déspota, el cacique o el traidor asomaban su nariz, todo eran sonrisas, "Sí, señor", y resignación.
Mucho más tiempo después se siguieron organizando esas reuniones, y cualquier espacio alejado de aquellos 3 se convertía en un lugar idóneo para la crítica, pero de nuevo no se hacía nada, de nuevo todo era "Deberíamos hacer esto" y "Tendríamos que hacer aquello". Pero nada se hacía.

La situación llegó hasta tal punto que los pueblerinos temían beber agua por miedo a que el déspota les castigara, miedo a hacer su trabajo por si el cacique encontraba que estaba mal hecho, miedo a hablar por si el traidor les delataba. El pueblo era un nido de miedo porque nadie quería quedarse sin casa y, aunque todos se daban cuenta que si se unieran nadie podría hacer nada contra ellos, aunque todos ellos lo sabían, en el fondo, la situación era normal y aceptable para el pueblo, y todas las quejas se disolvían junto con el descontento.
En el fondo, a los pueblerinos, les gustaba estar sometidos, les gustaba vivir año tras año bajo la sombra del relampagueante látigo de cuero, les gustaba criticar entre susurros las injusticias y luego no hacer nada.
En el fondo, al pueblo, le gustaba sentirse jodido.

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(no es "numerar" sino "enumerar)
La idea de la entrada está guay, y la historieta está bastante bein, pero no sé qué tiene que no me acaba de convencer, creo que la idea daba para mucho más.
Además, parece que el gobierno del miedo no se basa tanto en el miedo como en la comodidad de no querer realmente cambiar las cosas, no?
(ando algo insomne y cascarrabias xD, así que no me hagas caso bro' ;) )
Un mundo feliz. Aldous Huxley
No existe tal comodidad, sino que te acostumbras y normalizas una mala situación por un "bien mayor", que es conservar tu casa. Lo que no entienden los 7 ciudadanos, es que sin ciudadanos un pueblo no sirve de nada. Ni su líder, ni su cacique, ni el traidor, porque no hay nadie a quien gobernar. Pero son demasiadas casas que sacrificar a costa de castigar al malhechor.
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